San José: Un cultivo contra el narco

San José: Un cultivo contra el narco

San José. La búsqueda por el cultivo nos arrastró en esta ocasión a las afueras de San José, en algún lugar cercano al este, donde las calles conviven entre paredes. La urbanización desproporcionada encierra diversos contextos para el desarrollo de la cultura del cannabis.

Miguel Sofar (será el nombre ficticio por seguridad) tiene un trabajo de lunes a viernes, pero cuando sale se apresura por llegar a la casa de su madre para darle los cuidados básicos de sus plantas. Lo esperan 5. Esta camada de plantas será la tercera generación de su cultivo en exteriores. No hay sensación que lo gratifique más.

La frondosidad que tienen las más grandes es admirable. Todo se debe a la poda, comparte Sofar con un grupo de colaboradores de MCN en el patio de su casa. Fácilmente se aprecia el fundamento de altura, característica plena de las sativas. Según él, estas son las que más le gustan aunque por su huerta han pasado híbridas e indicas, pero la sativa siempre es la dominante.

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En cuanto a las lluvias, no tiene de qué preocuparse. Esta es una ventaja de sembrar en exteriores. La aclimatación sucede en las plantas. El riesgo lo correen a veces con la policía. Dependiendo de la época, su barrio recibe visitas periódicas de oficiales en búsqueda de algún rastro de vendedores de sustancias. Si bien estas investigaciones lo ponen incómodo, asegura no tener miedo de crearse problemas.

“Yo no vendo. No tengo porqué meterme en problemas y tampoco ventilo lo que hago”, comenta con seguridad mientras rocía con agua las raíces de una de sus plantas que se asimila a un arbusto.

El autocultivo es la solución contra el narcotráfico, comenta el cultivador mientras enseña una de sus plantas.

‘El autocultivo es la solución contra el narcotráfico’, comenta el cultivador mientras enseña una de sus plantas.

Su casa es buen ejemplo del cambio. Existe una discreción con la que todos los integrantes de su casa deben jugar. Casi como un acuerdo silencioso que se toma entre los presentes.

Cuando el cannabis convive con plantas de uso común en la sociedad costarricense difícilmente se entiende porqué alguna vez fue prohibida. Sofar ha enseñado a los más pequeños de su hogar la realidad de una planta que es restringida por intereses, pero que a la vez podría ser dañina según su uso y contexto.

“Crecí en un contexto diferente donde no existía información sobre la marihuana. Trato de enseñarles desde pequeño para que ellos entiendan de sus beneficios y de sus problemas. Vivimos otros tiempos”, opina Miguel sobre la situación actual del tema.

Los más pequeños juegan en este patio en un día de descanso que transcurre con total normalidad. Son felices al ver el acontecimiento alrededor del verdor y hasta uno de ellos me enseña las pequeñas plantas de frijol que ha plantado para la escuela.

Uno de los cogollos en fase de secado.

Uno de los cogollos en fase de secado.

El cultivador pasa su vida analizando ciclos lunares, tiempos de transplante y el fotoperiodo. Es el pasatiempo de prueba y error. Así se van depurando las semillas y el trabajo en genéticas propias. Cuando le pregunto que cuál es la parte favorita de hacer lo que hace, responde:

“La verdad todo. Creo que uno de lo que se enamora es de la planta. A parte de ser una planta linda, existen muchas técnicas y variedades. Hay muchas cosas que todavía uno no sabe”.

La legalidad de la planta tiene limitaciones. Entre ellas, el difícil rastreo de las semillas en cuánto a su procedencia y por otro, el desconocimiento en la ciudad del nacimiento de las genéticas locales. Luego del Mango Rosa, popularizada en la década de los noventas y crecida en la montañas de Talamanca, el Instituto de Control de Drogas no registra alguna otra cepa de producción local.

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Las autoridades tienen cuenta de la proliferación de cultivos de tipo hidropónico o ‘en interiores’. Sin embargo, su carácter de ilegalidad y su uso para tráfico, tiene como consecuencia la falta de registros de variedades que colaboren al conocimiento público.

Mientras que esto sucede siguen multiplicando cultivos personales que buscan colaborar en contra del narcotráfico. Cultivar es tal vez la forma más real de hacer activismo, piensa Miguel. Estas plantaciones no fomentan el tráfico, fomentan la investigación.

“Las cosas que más me alegran es no recurrir al narcotráfico para satisfacer mi consumo. Además de ser parte de la cadena de violencia, está uno vulnerable al peligro”.


Colaboró: Organización CannaDitsös

 

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